*Valentín*
El paisaje había cambiado radicalmente y ver de soslayo el rostro lleno de confusión de mi prometida era un disfrute pleno. Por mucho meses he ocultado el por qué de mis repentinas ausencias, pero creo que valdrá la pena.
—Val, ¿dónde estamos?
—Ya lo verás —comenté, doblando por fin en la recta final—. Llegamos.
—Pero, ¿qué se supone hacemos aquí? —cuestionó—. Espero y no sea otra de tus locuras porque…
—Ven y lo sabrás —invité.
Si bien es cierto que durante todo el tiempo que lleva