Seguimos platicando de una cosa y la otra, mis ojos buscaban con insistencia los de Aldo y cuando se encontraban el rubor regresaba a mi rostro, avergonzada de que me descubriera mirándolo volteaba a otro lado, seguía sin poder descifrar que pensaba él, así estuvimos hasta que empezó anochecer -Bueno pues yo me retiro, porque quiero estar fresco para mañana…- se despidió el abuelo, nos quedamos un rato más y luego cada uno se fue yendo a dormir, Aldo fue el primero, se retiró dejándome con duda