Annie, creo que...

Kentin me acorraló entre la mesada de la cocina y él, con la mano izquierda apagó la hornalla y la pava dejó de silbar.

—Ken-Kentin, están... mis padres —susurré, pero eso a él no le importaba en lo absoluto, le encantaba torturarme, hacerme que lo desee… que lo busque.

—Si haces demasiado ruido posiblemente nos escuchen —me susurró al oído, acto seguido le pasó la lengua a mi oreja, haciendo que me derritiera en sus manos; se sabía de memoria todos mis puntos débiles, lo que tenía que decir y
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