Capítulo 32. Placer ilícito

Kevin llevaba treinta segundos junto a Gerald esperando hablar con el líder de los nidos de vampiros de la zona.

—¿La sabandija nos recibirá o qué?

«Podrías callarte y hablarme por el link»

«Quiero que me oigan, no tengo tiempo»

—Volkova, te tolero, pero es porque tienes clase y decencia, pero a tus mascotas las dejas afuera.

—Mi compañero está desesperado y no es para menos —expresó Gerald sentándose frente al creador de nidos más grande de Estados Unidos—. Le tiene mucho cariño
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