Dante
El sonido de mis pasos resuena en el suelo de mármol mientras salgo de mi estudio. Mi mente está consumida por una única imagen: la camioneta estrellada, el asiento trasero vacío, el eco de los disparos y la sangre cubriendo el asfalto.
Nico. Se han llevado a Nico.
Se han llevado a… se han llevado a mi hijo.
Mi mandíbula se tensa mientras entro en la sala de reuniones, donde Luciano y otros de mis hombres ya me esperan. La habitación está sumida en una tensión pesada, palpable.
—Vamos por