Me duchó con delicadeza, como si fuese un bebé muy frágil, sin dejar de mirarme con detenimiento, sin decir ni una sola palabra, lo que empezó a hacerme sentir incómoda, y él pareció notarlo.
¿Te ha gustado? – preguntó, haciéndome asentir en señal de respuesta – siento haberte manchado – se disculpó, mientras yo bajaba la cabeza, avergonzada – pe