Cuando las fichas llegaron a la mesa, Lorenzo no pudo contenerse y dijo muy ansioso: —Chico, sigue adelante, vamos, a ver quién tiene mejor suerte.
David, por otro lado, jugueteaba con las fichas en su mano, mirando fijamente a Simón con una sonrisa fría.
Simón sonrió con gracia y, sin vacilar, empujó todas las fichas que tenía delante.
Volvió a apostar por obtener un resultado alto en los dados.
El corazón de Pilar dio un vuelco violento y casi sintió que se quedaba sin aliento.
Otra vez apos