Incluso Remigio, Quiliano y Plácido quedaron totalmente atónitos.
Los puños apretados de Selas crujieron con gran fuerza, mientras las articulaciones sonaban, y la palma de su mano se desgarraba, dejando que la sangre brotara.
El poder del dominio de Odón, esa terrorífica presión, estaba llevando al límite incluso su sagrado reino.
No podía imaginar cómo Simón enfrentaría los próximos ataques.
¿Acaso la familia Cordero sería realmente erradicada? Entonces, ella temía quedar clavada eternamente e