Pero era evidente que Carolina ya no podía responderle.
El veneno de su daga estaba dirigido a los dominadores sagrados, y ella solo era un reino espiritual.
Cuando la daga se clavó en su vientre, ya no tenía salvación alguna.
Simón sacudió la cabeza y le inyectó energía espiritual a Selas para detener el veneno.
Pero este fuerte veneno, que podía dañar a los dominadores sagrados, no era una simple toxina y no era fácil de eliminar.
Lo máximo que Simón podía hacer era controlar la propagación de