El hombre corpulento, al ver la figura de Simón, también mostró una expresión de gran recelo en sus ojos.
En ese momento, el hombre miró de reojo a Simón y dijo fríamente: —No te metas donde no te llaman, esto podría costarte la vida.
Después de decir esto, hizo un gesto con la mano y los tres se subieron a un UTV, acelerando a través de la arena amarilla.
—Mi arma, gritó al instante Paloma, muy angustiada.
Simón frunció el ceño y dijo: —Tranquila, nos encontraremos con ellos de nuevo.
—¿Qué q