Su apariencia y figura no tenían problemas, y con el atuendo que llevaba puesto, resultaba bastante atractiva.
Simón se sentó y sonrió, diciendo: —Hola.
—Señor, hola—, sonrió amablemente Belén.
Simón dijo: —No seas tan formal, llámame, Simón.
—No me atrevo, nuestros jefes te temen, ¿cómo me atrevería a llamarte así? — Belén le respondió juguetonamente.
Simón rio: —Ellos son ellos, tú eres tú, no es lo mismo. Dime, ¿qué asunto te trae?
—Nada en particular, solo quería invitarte a comer— Belén son