Simón negó con la cabeza y sacó su enorme guillotina de un golpe, para después levantarse y avanzar hacia aquellos tipos.
Sus precisos movimientos al manejar la guillotina eran tan eficientes como el que corta verduras en la cocina, y en un abrir y cerrar de ojos, docenas de hombres caían al suelo, sin que ni una sola gota de sangre tocara a Simón.
Tras acabar con todos ellos, se dirigió al ascensor y dio un fuerte puñetazo que lo deformó y lo hizo caer, mientras que desde adentro se escuchaba