Melisa no dijo nada en absoluto, simplemente agarró el cigarrillo de Simón de la mesa y comenzó a fumar por sí misma.
—Eres extranjero, ¿verdad? — preguntó Melisa mirando la marca del cigarrillo.
Simón afirmó.
Melisa inhaló profundamente el humo y dijo: —Sería mejor que te fueras pronto, si es posible.
—No tengo planes de irme por ahora, — dijo Simón con total indiferencia.
Justo en ese momento, se escuchó un golpeteo en la puerta, lo que puso muy nerviosa a Melisa.
Simón se levantó y de repente