El rostro de Manuel se oscureció como si estuviera contemplando un abismo helado de miles de años. Mirando fijamente a Simón, se dirigió a Juan y le dijo: —Primero quiero que lo dejen inútil, luego enciérrenlo con esa desgraciada de Isabel y con Oliver.
—Sí, definitivamente no podemos dejarlos escapar tan fácilmente, esa pareja de miserables me está matando de rabia, gritó furiosa Verónica desde un lado.
Para ella, esta conferencia de prensa debía ser una gran oportunidad para ganar popularida