Simón enfrentó este golpe furiosamente con ambas manos sosteniendo la espada, con una gran llama de energía espiritual ardiendo en su hoja, acompañada por fuertes relámpagos y truenos.
Al mismo tiempo, la gema de dragón en su interior giraba rápida y frenéticamente, liberando una inmensa cantidad de energía espiritual que se aplicaba constantemente a la hoja de la espada.
En un instante, la hoja de la espada se convirtió en una masa que resultaba difícil de mirar directamente, una bola de truen