Noé dejó entrever un leve destello de enojo en sus ojos, pero lo ocultó hábilmente, dirigiéndose a Simón: —¿Cómo debo dirigirme a usted, señor?
—Simón— respondió Simón con indiferencia.
Noé asintió: —Simón, entonces es un placer conocerlo. ¿En qué trabaja usted actualmente?
—Desempleado.
—¿Aún no ha encontrado trabajo? — se rio una de las muchachas allí presentes.
Simón sonrió ligeramente: —Sí, no ha tenido suerte.
Algunas compañeras de clase se rieron, sin intenciones de burla, pero claramente