Después de pensarlo detenidamente, Sancho se decidió, se dirigió a Máximo y a León y les gritó: —Ustedes dos, ¿van a venir aquí ahora mismo?
Máximo y León, con caras de confusión y terror, pero las palabras del señor Caballero eran como un decreto divino para ellos, no se atrevieron a desobedecer. Con corazones algo inquietos, se acercaron a Sancho con rapidez, mirando a Simón con ojos llenos de pánico.
En ese momento, la multitud estaba completamente impactada.
Pensaron que el señor Caballero i