—Vieja compañera, no necesitas bromear tanto conmigo, — dijo Simón riendo.
Sofía sacó la lengua, se dio la vuelta y se fue, pero una lágrima se deslizó silenciosamente por su mejilla.
Simón suspiró y condujo hacia Isla Lacustrina.
En la oscura noche, en la finca de Gonzalo.
Gonzalo, después de practicar sus habilidades marciales, se duchó y regresó a su habitación para descansar.
Sin embargo, tenía siempre la costumbre de tomar una copa de vino antes de dormir para poder descansar tranquilament