Capítulo 248
—Vieja compañera, no necesitas bromear tanto conmigo, — dijo Simón riendo.

Sofía sacó la lengua, se dio la vuelta y se fue, pero una lágrima se deslizó silenciosamente por su mejilla.

Simón suspiró y condujo hacia Isla Lacustrina.

En la oscura noche, en la finca de Gonzalo.

Gonzalo, después de practicar sus habilidades marciales, se duchó y regresó a su habitación para descansar.

Sin embargo, tenía siempre la costumbre de tomar una copa de vino antes de dormir para poder descansar tranquilament
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