La muerte de Ramón fue ciertamente causada por él mismo, pero la mujer líquida no estaba dispuesta a dejar ese altercado hasta ahí. Incluso volvió a desafiarlo. Ante tal situación, Simón no tuvo más opción que enfrentarse a ella.
La mujer líquida observó de reojo a Simón, cuya presencia estaba llena de una intensa aura asesina, y su expresión se ensombreció cada vez más. Con rabia, dijo: —Ya mataste a Ramón, ¿y ahora tampoco me vas a dejar vivir a mí?
—Te lo buscaste, no hables más. ¡Muere ahora