Después de la subasta, Simón se reunió con la señora Bryndis y, tras estrecharle la mano, ella comentó con una sonrisa radiante: —De verdad, Simón, no esperaba que fueras tan generoso con tus ofertas.
Simón respondió: —Todo esto es gracias a usted, señora Bryndis. Podemos decir que hemos sido ambos muy beneficiados.
La señora Bryndis sonrio delicadamente, pero pronto sus ojos se llenaron de lágrimas mientras decía: —Con este dinero, mi padre podrá resistir un poco más.
Simón preguntó: —¿Ocurri