A varios metros de distancia, al otro lado de una pared, el hombre delgado yacía en un charco de sangre en el suelo.
Todos soltaron con alegría un suspiro de alivio. Lucía preguntó rápidamente: —¿Estás bien?
—No hay problema— respondió Lucas, levantándose y recogiendo su arma con una expresión bastante fría.
Lucía se acercó con gran precaución al hombre delgado. Había un agujero del tamaño de un puño en su cintura, y la sangre fluía constantemente.
Aunque el disparo del rifle era suficiente para