Justo cuando la gente estaba saliendo de la sala de interrogatorios, un oficial entró corriendo apresuradamente:
—¡Señor, tengo malas noticias, nos tienen rodeados!
¿Nos tienen rodeados?
Al escuchar las nerviosas palabras del oficial, Marti frunció el ceño de inmediato, y luego lo regañó con severidad: —¿Estás mal de la cabeza o qué? ¡¿Quién se atrevería a rodearnos?!
Al recibir el fuerte regaño, el oficial se sintió muy ofendido y bajó al instante la cabeza, explicando en voz baja:
—Señor,