—¿Nombre? —preguntó uno de los oficiales con una mirada dura y desconfiada.
—Simón Palacios —respondió Simón despreocupado, manteniendo la calma y la compostura.
—¿Cuál es tu sexo? —continuó el oficial, con una actitud que no ocultaba su desprecio.
—Masculino —contestó Simón sin vacilar.
—¿Cuándo te uniste a la mafia? —preguntó el segundo oficial, con una sonrisa sardónica que denotaba su intención de manipular de forma maliciosa la conversación.
Simón frunció el ceño ante la pregunta tendencios