—¡Es él! —exclamó Servando con un tono lleno de furia, señalando a Simón con el dedo.
—¡Tío, este imbécil fue quien me golpeó! Y, además se atrevió a hacerse pasar por amigo de Castro Virrey y regañar severamente a mi madre —añadió Servando, su voz resonando con indignación y total resentimiento.
En el vestíbulo del hospital, se encontraba en Servando y el hombre obeso que lo acompañaba, junto con un grupo de matones que parecían listos para la confrontación, esto no pasó desapercibido. Su entra