Alodia miró la sangre que brotaba de sus dedos, y con incredulidad volteó a ver a la chica.
—¿Vera, estás loca? — Alodia cayó al suelo con dolor.
Pero en ese instante, Vera, sosteniendo un cuchillo de frutas, se lanzó directo sobre Alodia, levantando el cuchillo en alto y gritando con locura: —¿Quién es ese hombre, dime quién es?
Al ver a la enloquecida Vera y el brillante cuchillo de frutas, Alodia supo que Vera había perdido por completo la cabeza. Con dificultad, dijo: —Es Simón, todo es por