—Sí, sé ve que eres muy cuidadoso en tu trabajo. No lo estropees, — le advirtió Amador con un tono serio. —El presidente realmente lo necesita.
Cuando Amador colgó el teléfono, Policarpo se quedó muy asombrado.
No es de extrañar que Simón se mantuviera tan tranquilo; resultaba que podía estar a la altura del presidente, y en todo El Reino de Eldoria, nadie podía enfrentarse a él.
Policarpo, tras una larga reflexión, salió apresurado de la oficina y se dirigió a la habitación a donde se encontra