Toda la ciudad de Nubéria estaría en un buen ajetreo. Por eso si buscaban tranquilidad, el castillo solitario de Teófilo junto al mar era el lugar ideal para el descanso.
En cuanto a los trámites del hotel, Simón le pidió a Teófilo que se encargara de eso.
Simón agradeció y Teófilo, muy contento, lideró el camino.
En ese momento, Laureano murmuró: —Finalmente, tienes alguna utilidad.
Teófilo se sorprendió por esto y casi se le caen las lágrimas.
Desde que tenía memoria, parecía que era la pri