Simón entrecerró los ojos, observando muy atento.
La Nereida levantó sus ocho tentáculos como si fueran gigantescas bestias voladoras, envueltas en una vorágine de grandes llamas de energía espiritual y símbolos místicos. El mar, a su alrededor, se agitó con violencia, levantando olas del tamaño de sunamis.
Los tentáculos coordinados formaron un enorme círculo de energía espiritual sobre la cabeza de la Nereida, irradiando una luz azul intensa.
Laureano lanzó su guadaña de cien metros de largo