Teófilo se sintió profundamente avergonzado por la situación y, sin saber qué hacer en ese momento, se limitó a inclinarse de manera torpe ante Simón, sin atreverse a articular una sola palabra más.
Su postura temblorosa y su rostro enrojecido reflejaban con claridad su humillación.
Simón, con una expresión muy serena en el rostro, dejó escapar una ligera sonrisa antes de girar y continuar de nuevo su caminata hacia la salida del lugar, sin preocuparse por la tensión tan palpable en el ambiente