Simón soltó una enorme risa un poco irónica y, sacudiendo la cabeza repentinamente, se dirigió hacia la casa.
Justo en ese momento, uno de los sirvientes de portería lo detuvo y dijo: —Lo siento mucho, el conde no recibe visitas hoy.
Indalecio sonrió con gran desprecio y pensó que Simón se creía muy importante, ¿cómo se atrevía a intentar entrar en un lugar tan prestigioso?
El título de conde no era en vano.
Pero Simón respondió con gran calma: —Me llamo Simón y tengo una cita importante con