Mientras tanto, Abel ya estaba en la Isla Lacustrina, concentrado en su entrenamiento.
Cuando Daniela entró al restaurante, sus ojos escudriñaron el lugar con curiosidad antes de dirigirse rápidamente hacia Simón.
—Simón, ¿estás comiendo? ¿Y tus tres hermanas también están aquí? — saludó Daniela con gran calidez, acercándose a Simón y a María.
La proximidad entre Daniela y Simón no pasó desapercibida en ese momento para Alfeo, quien observaba atónito cómo se sentaban juntos, casi rozándose los