Pero enseguida, Simón se quedó atónito.
Daniela, cubriéndose la boca, se rio traviesa y dijo: —¿No te dije que no lo hicieras? Pero tú insististe.
Ella tenía el período…
Simón, con cara de vergüenza, solo pudo sentarse en completo silencio y tomar su té.
Daniela se rio a grandes carcajadas, se levantó de inmediato, buscó una manta y se la puso encima. Luego, sonriendo, dijo: —Realmente no puedo con esto ahora, no hay prisa alguna en hacerlo en estos días.
—Vale.
No había otra opción, solo podía