Desideria miró muy sorprendida a Simón y le respondió en voz alta: —Señor, ¿sabe usted quién es el señor Dagoberto? ¿Cómo se atreve a hablarle así?
—No me importa quién sea él. Este objeto fue el que vi primero y ya he dejado claro que lo quiero comprar. Incluso si Dios viniera, seguiría siendo mío, — respondió Simón sin rodeo alguno.
Dagoberto estalló en una gran carcajada y miró a Simón con una expresión juguetona, contestando: —Muy bien, nunca nadie se ha atrevido a hablarme así. Interesante,