Poco después, un grupo de creyentes enfurecidos, como si estuvieran impulsados por una fuerza invisible, comenzaron a acercarse paso a paso a Simón, con la fuerte resolución de acabar con su vida reflejada en sus ojos.
Estaban convencidos de que Simón había empujado al anciano Gerardo y a otros dos hacia ese cruel abismo sin fin, transformándolos en las terroríficas entidades que ahora tenían ante sí.
Flavia y Damiana, las dos líderes femeninas, se encontraban al frente de los creyentes.
Su ira