El ministro de finanzas mostró una amplia sonrisa de satisfacción en su rostro.
Este cargo, en cualquier país, siempre es de suma importancia, lo que explica su total arrogancia.
Simón sonrió con frialdad y dijo: —No creo que solo porque quiera tomar un ascensor para subir al piso, deba pasar el resto de mi vida en prisión, ¿verdad?
—Creerlo o no depende solo de ti, ya veremos, — respondió el secretario con una amplia sonrisa.
Simón también sonrió con desprecio. Quería ver cómo el otro planeaba