En la suite ya había más de una docena de personas, todas mirando con gran sorpresa el rostro hinchado de Adelmo.
Él se sentó con furia total, mientras la chica se sentaba a su lado, visiblemente nerviosa.
—¿Qué pasa, señor Adelmo? — preguntó con una amplia sonrisa un hombre de mediana edad, tratando de romper la fuerte tensión.
Adelmo respondió bruscamente: —Más te vale no meterte en esto.
—Lo siento, entendido, — dijo el hombre, sin hacer más preguntas. Los demás también optaron por fingir qu