Eneas sonrió y dijo: —No te apresures a informar aún. Seguro que él estará muy ansioso por buscarte. Cuando llegue el preciso momento, habla con él adecuadamente.
—Entendido, Eneas. Pero ¿cómo debo abordarlo? — preguntó Cástor con una sonrisa muy maliciosa.
Eneas respondió con calma: —Solo dile que, si no quiere arruinar su reputación y terminar en la comisaría, que te compense con cinco millones de dólares y abra Isla Lacustrina para que todos puedan ejercitarse allí.
—¡Entendido, Eneas! Con us