Matías miró de reojo al hombre bajo y corpulento.
Él debía ser el guerrero de nivel sagrado del que Josefa había hablado.
Observó detenidamente al equipo de operaciones especiales que estaba formado en una fila detrás de él.
Cada uno estaba armado hasta los dientes, cargando todo tipo de armas y equipo de demolición, muy bien equipados.
Matías los miró y dijo muy firme: —Váyanse, no quiero lastimar a nadie.
Esta frase hizo que Josefa se enfureciera de inmediato, gritando con ira: —¡Ataquen!
El h