—¿Qué estás haciendo? — preguntó Simón, extremadamente sorprendido.
La mujer de mediana edad miró de reojo a Simón y frunció el ceño: —Hazte a un lado, solo me interesan los hombres guapos.
—Acaso, ¿estás planeando secuestrarlo?
Simón se enojó un poco de repente. Sabía que no era tan guapo como Matías, pero secuestrar a alguien en plena calle, y que una mujer secuestrara a un hombre, ¿esto era demasiado?
Matías frunció el ceño, y en un instante la Espada del Agua ya estaba en su mano.
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