En el fondo, todos sabían muy bien que, aunque Matías volviera a actuar, probablemente no tendría mucho efecto. Después de todo, ya había sido derrotado y no era un gran rival para Simón. Sin embargo, no podían aceptar este resultado, así que comenzaron a gritar como verdaderos locos.
Matías frunció el ceño y dijo lentamente: —Les dije que pelearía con todas mis fuerzas una vez más por ustedes, y realmente lo hice. Él solo me perdonó la vida, no me mató. Además, nunca prometí morir por ustedes,