Los agentes especiales, al escuchar esto, levantaron de inmediato sus rifles y lanzacohetes, apuntando directo hacia Simón.
Los rifles de francotirador y los lanzacohetes estaban preparados.
Pero en ese momento, se escuchó una voz autoritaria desde la puerta: —¡Deténganse todos!
Mientras hablaba, un hombre de unos cincuenta años, de aspecto muy delgado y con gran autoridad, entró acompañado de un grupo de personas, avanzando con total determinación.
Kilian, enfurecido, exclamó: —Maldición, ¡qui