Con varios gritos desgarradores, Lucas regresó a su asiento.
Mientras tanto, los guardaespaldas gemían de dolor, agarrándose desesperadamente las muñecas y cayendo al suelo.
En un instante, una de sus manos fue cortada por Lucas, dejándolos incapacitados.
Jerónimo quedó atónito al presenciar la dantesca escena.
Lucas siempre había mantenido una expresión fría y cruel, y Jerónimo nunca había tenido una interacción directa con él.
Simplemente asumió que Lucas era un fiel seguidor o un subordin