—¿Les doy una última oportunidad, entregan lo que tienen o no…? — Arturo gritó.
Frente a la amenaza de vida o muerte, Severino no se amedrentó en lo absoluto y exclamó en voz alta: —¿Todavía quieren meterse con las cosas de nuestra familia? Son solo unos ilusos.
—Son tercos como verdaderas mulas, — dijo Edgardo mientras levantaba su largo cuchillo hacia Severino.
La cara de los miembros de la familia cambió drásticamente.
Pero justo en ese preciso momento, una voz tranquila dijo: —Entrégame todo