Mil gracias.
Simón sonrió al otro en señal de agradecimiento. Aunque la explicación había sido clara, Simón no podía evitar desconfiar en su interior, por lo que decidió continuar su exhaustiva investigación y preguntar a algunos otros residentes en diferentes calles.
Como lo había anticipado, los otros habitantes confirmaron lo que había dicho el anciano: en Puerto Azul no había ninguna calle cuyo acceso estuviera orientado directo hacia el mar. Sin embargo, Simón recordaba perfectamente que en