—¿Strian, eres tú?
—Así es, soy yo.
En el momento en que Fyros y Strian se miraban el uno al otro, Arron de repente giró su cabeza y vio que Fyros apuntaba con una pistola directo hacia él.
—¡Señor Fyros, tú...!
Arron se inquietó de inmediato, sintiendo una creciente ansiedad. Había creído que, aunque no pudiera matar a Simón, Fyros al menos lo dejaría vivir y le otorgaría una buena recompensa.
Pero al ver aterrado lo que ocurría ante sus ojos, Arron sintió una gran indignación. Ahora comprendía