Los soldados fantasmales fijaron su mirada en Simón, y en ese preciso instante, una fuerte sensación de peligro recorrió todo su cuerpo.
Simón sabía muy bien que no podían quedarse en ese lugar por mucho tiempo.
Justo en ese momento, Silverio descubrió algo y pronuncio:
—¡Lo encontré! Si tiramos de esta cuerda, la puerta de hierro se abrirá por sí sola.
Sin perder más tiempo, Simón se lanzó directo hacia adelante y tiró con fuerza de la cuerda.
Tal como lo había dicho Silverio, la enorme puerta