—¡Uff!
Simón suspiro y dijo:
—Bien, ahora tú también has llegado a casa. Los ocho han regresado a sus hogares, así que ya puedo estar tranquilo. Descansa muy bien, yo me iré ahora mismo. Cuando tengas tiempo, nos contactamos por celular.
Después de decir esto, Simón se giró para marcharse. Sin embargo, en ese preciso instante, una voz fuerte y ansiosa resonó detrás de él.
—¡Espera un momento!
Simón se detuvo y se devolvió para mirar a Wilfrido. En ese momento, Wilfrido, tambaleándose, se levantó