Tomás con cariño agarró la mano de la doctora Lorena y le metió una tarjeta bancaria en la palma.
—No.
La doctora Lorena, con los ojos enrojecidos, dijo con firmeza: —Si tomara algo de ti, la gente pensaría que me interesa tu dinero. La verdad es que no me importa nada de eso.
—Lo sé, pero realmente me has ayudado muchísimo, y no puedo dejar que eso pase sin más.
La doctora Lorena miró la tarjeta en su mano y suspiró aliviada, —está bien, la dejaré aquí por ahora. Cuando quieras recuperarla, sol