Al escuchar esas palabras, Simón soltó un repentino suspiro de alivio. Si aquella persona había sido enviada por el maestro Delfín, no había motivo alguno para tener miedo. Todo se reduciría a derrotarlo para poder continuar su camino.
—Así es. Si logras convertirte en discípulo del maestro Delfín, entonces serás mi hermano menor. Sin embargo, por ahora, no estás a la altura,— respondió la voz con calma, pero con un toque de desafío.
—Ah, ¿sí? murmuró Simón con un tono irónico mientras descendía