—¿Realmente quieres llevarte a todos ellos?
—¡No estoy de acuerdo!
En ese preciso momento, Simón, con los guantes de luz puestos, descendió desde lo alto, aterrizando de rodillas. De repente, colocó la mano derecha, con el guante de luz, sobre la tierra oscura. En el momento en que los guantes tocaron el suelo, comenzaron a brillar con intensidad. La luz blanca, que inicialmente era débil, se convirtió en una explosión cegadora, semejante a una esfera luminosa.
Simón sentía cómo una cálida corri